¿Qué es la complejidad?

3 de octubre de 2013

Una parvada de aves: miles de individuos se coordinan sin necesidad de un líder que les diga qué hacer, formando patrones espectaculares. Hasta hace poco, no se había estudiado el comportamiento de parvadas, cardúmenes, manadas o multitudes científicamente. No se tenían las herramientas. Desde la popularización de las computadoras (ordenadores) en los 1980’s, podemos estudiar miles de variables, lo cual es imposible con papel y lápiz. De maner similar al microscopio y al telescopio, la computadora ha sido una herramienta que nos permite explorar un nuevo mundo: el de la complejidad.

Usualmente, la palabra «complejo» se usa como sinónimo de «complicado». Es cierto que sin una ayuda computacional, es difícil comprender los sistemas complejos. Sin embargo, en décadas recientes se han distinguido estos dos conceptos, ya que empezamos a entender reglas sencillas que pueden generar complejidad. Podemos decir que algo complejo es difícil de separar. Tiene su raíz en el latín plexus, que quiere decir entretejido. Por ejemplo, no es posible estudiar una parvada de aves enfocándose en una sola ave, ya que su comportamiento depende de las interacciones con sus vecinos. No podemos separarla para comprenderla, ya que las interacciones determinan su velocidad y dirección. Necesitamos estudiar a los individuos y sus relaciones para poder describir a la parvada.

¿Qué otros sistemas complejos podemos identificar? Una sociedad, por ejemplo, tiene propiedades (costumbres, lenguaje, moda, valores) que son un producto de la interacción no sólo entre individuos, sino también de la interacción entre individuos y sociedad (a distintas escalas). Una célula está formada por moléculas. Decimos que la célula está viva, pero las moléculas no. ¿De dónde salió la vida? No podremos comprenderlo si estudiamos a las moléculas o a las células de manera aislada. Propiedades fundamentales de la vida se encuentran en las interacciones entre moléculas. De manera similar, un cerebro puede exhibir propiedades mentales sólo al considerar interacciones entre sus elementos (neuronas) y con su entorno.

Las propiedades que se encuentran en una descripción de un fenómeno pero no en otra se pueden llamar emergentes. La vida emerge de las interacciones de las moléculas, la mente emerge de las interacciones de las neuronas y las costumbres emergen de las interacciones de los individuos. No hay nada mágico en las propiedades emergentes si consideramos a las interacciones. Otro ejemplo: una barra de oro tiene propiedades emergentes, tales como color, conductividad y maleabilidad, las cuales no se encuentran ni se pueden deducir de las propiedades de un átomo de oro.

En este blog nos dedicaremos a explorar cómo el estudio científico de la complejidad nos abre nuevas ofrece nuevas perspectivas sobre nuestro mundo. Descubramos juntos.

Nota: En 2013 empecé a colaborar con SciLogs, plataforma de Investigación y Ciencia, la versión Española de Scientific American. Los nuevos dueños están por descontinuar el sitio, por lo que iré recompartiendo por aquí las 11 entradas que llegué a hacer.

Incompetencia

Para Ana.

Yo soy incompetente en muchos más aspectos que aquellos en los que pretendo ser competente. Y aún en donde me digo competente, hay amplias oportunidades de mejora. Lo mismo sucede con todos. Errare humanum est. El problema no es ser incompetente, todos lo somos, simplemente por nuestra cognición limitada. El problema es no aceptar nuestra incompetencia. 

Es natural que queramos ocultar nuestros errores. Somos educados con la idea de que equivocarnos está “mal”. Queremos hacer las cosas «bien», o por lo menos aparentarlo. Nos dicen en la escuela que reprobar es vergonzoso y es el preludio de una vida “fracasada”. A final de cuentas, muchos aspectos de nuestras vidas se deciden por competencias: premios, becas, empleos, parejas. Queremos ser los «mejores» para conseguir lo que queremos. Pero en muchos casos, aprendemos más de nuestros errores que si los evitamos, con la consecuencia de acabar siendo más capaces si aceptamos nuestra incapacidad inicial.

No estoy diciendo que dejemos de hacer cosas si no las sabemos hacer. «Echando a perder se aprende». Sugiero que seamos más humildes y aprendamos a escuchar a otras personas, que tal vez sean más competentes (y tal vez no) en algún aspecto particular.

Como muchas de las peculiaridades de nuestra especie, la psicología explica esta situación con uno de los cientos de sesgos cognitivos que se han identificado. El efecto Dunning-Kruger se da cuando alguien incompetente tiende a sobreestimar su habilidad. Por otro lado, también aplica a su opuesto: personas competentes tienden a subestimar sus habilidades. Una explicación de este efecto es que los incompetentes todavía no adquieren la capacidad para distinguir un buen desempeño de uno malo. En otras palabras, no saben que no saben. En un estudio reciente publicado en Science Advances, investigadores norteamericanos encontraron que los individuos con mayor oposición al consenso científico sobre vacunas y medidas para mitigar COVID-19, fueron aquellos que tenían los menores niveles de conocimiento objetivo pero los mayores niveles de conocimiento subjetivo. Es decir, creían que sabían, pero no sabían.

¿Cómo se extiende la incompetencia en nuestras organizaciones? Hace más de un siglo, José Ortega y Gasset escribió: «Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes.» En los 1960s, esto se formalizó en el principio de Peter. De manera un poco simplista, podemos asumir que si alguien es competente, será ascendido. Si sigue siendo competente en su nuevo puesto, seguirá teniendo ascensos. Hasta que el reto del puesto vaya más allá de sus habilidades: será incompetente y se quedará ahí. De esta manera, en una organización todos ascenderán hasta que llegan a un puesto en el cual no pueden desempeñarse. En realidad, las organizaciones se forman con una variedad de procesos complejos. Sin embargo, para reducir el efecto de la incompetencia, si tenemos mecanismos para detectarla, aceptarla y transformarla, podremos generar en su lugar competencia. Si la ignoramos, lo más probable es que las cosas empeoren.

Cuando las organizaciones no funcionan como deberían, es natural que empecemos a buscar explicaciones. Algunas veces, somos tentados a encontrar motivos siniestros detrás de la incompetencia. Por ejemplo, «los ricos» quieren que «los pobres» sufran. Pero en casi todos casos, la explicación es mucho más simple, conocida como la navaja de Hanlon: “Nunca atribuyas a la maldad lo que se explica adecuadamente por la estupidez”. No sé si hubo sabotaje(s) en el Metro, pero la mayoría de los incidentes se explican por el desgaste de la infraestructura.

Es claro que tenemos incompetencia en todos los países a todos los niveles. La diferencia es cómo la enfrentamos. ¿La ignoramos y ocultamos, pretendiendo que sabemos lo que hacemos? ¿Le echamos la culpa a alguien? Este camino sólo llevará a más problemas. La alternativa es identificar la incompetencia, aceptarla y entonces podremos buscar soluciones. Siempre nos equivocaremos. No somos perfectos. Pero estaremos en mejor posición para resolver problemas si aceptamos nuestros limites y estamos dispuestos a escuchar a los que podrían ser más competentes. Ya lo dijo el sabio Sócrates: «yo sólo sé que no sé nada».

Por otra parte, también hay que encontrar la mejor manera de ser tolerantes con los incompetentes. De otro modo, no habrá incentivos para aceptar nuestra incompetencia.

Ley anticiencia

¿Qué no las leyes deberían de beneficiar a aquello que tratan de regular? No cuando responden a intereses sesgados.

El pasado 13 de diciembre, el presidente envió a la Cámara de Diputados una propuesta de Ley General en materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación. Al leer la propuesta, nadie estaría en contra de muchas partes. Por ejemplo, reconocer el derecho humano a la ciencia. Sin embargo, no se establecen mecanismos para asegurar varias generalidades, por lo que uno se pregunta qué tan útil sería de aprobarse esta ley.

De las partes debatibles, de hecho se propone lo que la administración actual ya ha venido haciendo. Se critica a administraciones anteriores para justificar cambios que no parece que estén resolviendo las condiciones que critican. Es cierto que hubo corrupción. Todos acordamos que hay que aumentar transparencia. Pero sin financiamiento, todo se queda en idealismo. Se menciona que el presupuesto no debe de reducirse, pero simplemente si el aumento es menor a la inflación, no se asegura la continuidad, ya no digamos el crecimiento del sector. No se habla de plazas nuevas. ¿Cómo hacer más con menos?

Uno de los aspectos más criticados de la propuesta es que el gobierno elaboraría una Agenda Nacional. Se dice que «no limita o acota la labor científica y tecnológica», pero no se van a financiar proyectos que no se consideren de «relevancia nacional», i.e. a discreción gubernamental. Esto es problemático especialmente para los investigadores y estudiantes que dependen directamente del CONACYT. Sólo un ejemplo: la administración actual no ha identificado a la inteligencia artificial como un área de oportunidad, ya no digamos prioritaria, mientras que muchos otros países están avanzando.

Sobre los derechos de propiedad intelectual, se sugiere que «responderán al interés público nacional y al bienestar del pueblo de México» (Art. 33.IX). En teoría, nada que objetar. Pero en la práctica, se desincentiva la innovación si no hay posibilidad de obtener regalías por patentes. 

El rechazo por parte de la comunidad ha sido notable. El 10 de enero se publicó un exhorto que firmamos 2391 académicos. El mismo día, las Academias Mexicanas de Ciencias, Medicina e Ingeniería emitieron un pronunciamiento rechazando la propuesta de ley. La ADIAT también publicó un comunicado el 13 de enero. ¿Tiene sentido aprobar una ley que va en contra de la comunidad a la que rige?

Ha habido amplia cobertura en medios. El 9 de enero, CONACYT envió un comunicado con fecha del 5 a miembros de la comunidad, justificando la propuesta con una retórica más burda que una estopa de segunda mano. Se usan argumentos ad hominem, criticando a científicos que se «beneficiaron» con gobiernos anteriores. Independientemente de si fuese el caso, esto no responde a los argumentos presentados: se está atacando a los científicos, no se están debatiendo propuestas. Más aún, el hecho de que haya habido situaciones en el pasado que deberían de corregirse, no implica que todo estuviese mal, ni que todos los que recibimos apoyos de CONACYT fuésemos cómplices.

CONACYT presume una amplia diversidad de fuentes para la elaboración de la propuesta, incluyendo una amplia consulta a la comunidad. Sin embargo, las partes relevantes propuestas por la comunidad no fueron tomadas en cuenta, lo que explica la reacción de los últimos días. Con la situación actual, se prevé que aumente la fuga de cerebros. ¿Por qué científicos deberían de soportar condiciones desfavorables cuando hay oportunidades en países menos violentos?

¿Qué tan grave sería que se apruebe la propuesta? ¿Se fortalece el sector? No es evidente. Pero sí se está forzando al desarrollo a lo que vaya a dictar el gobierno en turno como «relevante». ¿Cómo debería de ser una nueva ley? Ya se hicieron consultas, sólo hay que escuchar en lugar de ignorar.

¿Los académicos deberíamos de investigar lo que determinen los políticos? Obviamente no. ¿No sería mejor si los políticos hicieran lo que determinemos los científicos? Tampoco, ya que desconocemos las peculiaridades pragmáticas del oficio. Lo ideal sería que hubiese diálogo real, no sólo entre gobierno y academia, sino incluyendo también a empresas y sociedad. Entre todos podremos encontrar mejores soluciones que sólo desde nuestra perspectiva limitada.

https://reforma.com/lf6sWr

Cambios 2023

Este año traerá muchos cambios, como todos los años recientes. Cada vez estamos más conectados, tenemos más interacciones, por lo que cualquier cambio puede propagarse más rápido y más lejos. Esto no quiere decir que todo lo que pase en China nos afecte. Pero algunos eventos, como la evolución de un nuevo virus, bien han podido transformar la manera en la que vivimos en todo el planeta.

¿Cómo enfrentar los cambios? Aunque no sepamos precisamente qué cambios vendrán, sabemos que vendrán. Será mejor si esperamos lo inesperado. Por un lado, podemos buscar robustez: que todo siga funcionando como debería a pesar de los cambios. Mejor aún, sería buscar «antifragilidad»: que los cambios mejoren las funciones. Pero como no podemos predecir los cambios, todavía no tenemos las herramientas adecuadas para diseñar antifragilidad. Pero sí podemos diseñar robustez. Por otro lado, y de manera complementaria, podemos buscar adaptación: que nos ajustemos a los cambios. También podemos diseñar adaptación.

Desafortunadamente, el conocimiento para desarrollar sistemas robustos y adaptables todavía no se propaga. Tenemos tomadores de decisiones a todos los niveles (desde individual hasta global) asumiendo que no habrá cambios. O más bien, que todos los cambios que habrá son predecibles.

Uno de mis propósitos de año nuevo es divulgar este conocimiento. ¿Por qué? Porque nos esperan tiempos difíciles. Porque todavía no aprendemos a enfrentar los cambios.

En México, 2023, aunque oficialmente es año de Francisco Villa, en la práctica será año de Carranza (porque el de Hidalgo no alcanza). Al parecer, la austeridad republicana no ha logrado reducir la corrupción a distintos niveles, por lo que podremos esperar desvío de recursos públicos, aunque probablemente más con fines electorales que para lucros personales.

La mayoría de las acciones del 2023 se verán con lentes de 2024: ¿Quién podrá resistir todas las embestidas posibles (internas y externas) antes de que Morena tenga candidatå presidencial oficial? Como están las cosas, en 2024 Claudia o Marcelo asumirán la presidencia, pero todavía hay muchas incertidumbres por delante. Lamentablemente, como se sabe que la mayoría de los votantes no se fijan en propuestas, candidatås ni las presentan. La democracia convertida en un concurso de popularidad (para más opiniones sin consecuencia, síganme en Instagram y suscríbanse a mi canal de YouTube).

A su vez, las obras «insignia» del sexenio deben de relucir antes de las elecciones, por lo que escucharemos mucho bombo y platillo sobre el ecoamigable Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y las ventajas del AIFA sobre el AICM (a costa del deterioro del segundo). Tal vez no escuchemos tanto del Tren Transístmico ni del Tren México-Toluca (o por lo menos hasta después de las elecciones en el Estado de México).

Estados Unidos también se preparará para las elecciones presidenciales de 2024. Se especula que Biden no buscará la reelección. Trump enfrentará tantas demandas que si no termina en la cárcel, por lo menos se ve difícil que gane la nominación republicana. Entonces tendremos desfile de pretendientes por ambos partidos, aunque probablemente con mucho ruido y pocas nueces.

El conflicto entre Rusia y Ucrania lleva más de 300 años, por lo que no terminará pronto. Sin embargo, la pregunta es si seguirá la guerra abierta o si habrá un alto al fuego. Aunque todos salen perdiendo con un conflicto armado (menos los mercaderes de armas), hasta el momento no se ve una salida viable. Las consecuencias se sentirán más en Europa, pero afectarán al resto del mundo.

También habrá repercusiones sobre la situación en China: a pesar de que lograron minimizar las muertes por la pandemia hasta hace poco, el costo político y social ha sido alto. El comercio global depende tanto de China que las interrupciones a cadenas de suministro han tenido efectos meses después. No se ha podido reducir la dependencia global.

De manera similar, la economía global seguirá resentida después de tantas perturbaciones. Ya no se habla de crecimiento, sino de cómo evitar recesiones.

Los cambios son difíciles. Son una consecuencia de la impermanencia que permea casi todo, por lo que nos conviene aceptarlos en lugar de pretender ignorarlos. Y de esta manera, podremos transformar los retos en oportunidades.

https://reforma.com/p3pkUr

El Sistema

Recientemente vi el documental «¡Viva Maestro!» (Ted Braun, 2022), sobre el maestro venezolano Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles (EEUU) y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar (Venezuela).

Dudamel se formó en el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, mejor conocido como «El Sistema», fundado en 1975 por el maestro José Antonio Abreu (1939-2018). Actualmente, tiene la misión de «sistematizar la instrucción y la práctica colectiva e individual de la música, a través de orquestas sinfónicas y coros, como instrumentos de organización social y desarrollo humanístico». En otras palabras, ha sido una institución que a través de la instrucción musical ha beneficiado a millones de niños y jóvenes, especialmente en comunidades en desventaja.

Es conmovedor escuchar testimonios de muchos de los egresados de El Sistema. No sólo ha formado centenares de músicos de nivel mundial, pero también ha complementado la educación de muchísimos venezolanos.

En 2008, El Sistema recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Actualmente, tiene 120 orquestas juveniles y 60 orquestas infantiles, sirviendo a unos 350,000 jóvenes (alrededor de uno de cada diez jóvenes venezolanos). Ha servido de inspiración a por lo menos 29 países, incluyendo a México (en Monterrey), donde se han desarrollado programas similares a distintas escalas.

Lo que más me impresiona de El Sistema, más allá de sus éxitos pedagógicos y comunitarios, es su éxito político. Abreu logró mantenerlo durante décadas casi independiente de partidos, tendencias e ideologías. Venezuela ha sido de los países con mayores cambios políticos y económicos recientes. Aún así, los gobernantes en turno han podido «apropiarse» de los éxitos de El Sistema, más que como un programa de sus antecesores con el que tienen que competir, como un orgullo nacional.

Obviamente, un proyecto como El Sistema no resuelve los problemas de un país (siendo Venezuela un ejemplo vivo). Pero esto no quiere decir que no sería deseable replicar programas similares. No necesariamente en música. Artes, deportes, ciencia y más pueden usarse como complemento en la formación de la infancia y juventud de muchas comunidades.

Es importante notar que en México ha habido muchos programas similares. Un par de ejemplos: yo fui de los primeros beneficiados de un programa de la Academia Mexicana de las Ciencias que ofrecía clases de programación a niños. Y en la Ciudad de México, los centros Pilares ofrecen diversas actividades educativas, artísticas, deportivas y laborales. 

Los beneficios de estos programas son claros. Sin embargo, en México no hemos logrado separar a la política del desarrollo social. CONACYT le quitó apoyo a la Academia Mexicana de las Ciencias, lo cual ha limitado su capacidad para promover la ciencia en los niños y jóvenes (lo que constituye la mayor parte de su actividad). Y no podemos decir que no necesitamos promover el pensamiento científico lo más que podamos.

Por otra parte, los logros de programas como Pilares están tan atados a los gobiernos capitalino y federal actuales, que la probabilidad de que un cambio de gobierno los cancele es muy alta. 

¿Qué podemos hacer? Es claro que un gobierno difícilmente podrá impulsar programas sociales independientes del gobierno. Esto sugiere que deberíamos de promover programas que surjan desde las comunidades. No digo crear, porque ya existen muchísimos programas que podrían beneficiarse de un mayor apoyo para poder ampliar su impacto positivo. Más aún, no es factible imponer un programa de manera arbitraria si no hay interés en una comunidad. Si el alguna colonia hay pasión por el futbol, que jueguen futbol (aunque no pasen a la segunda ronda). Si en una ranchería hay motivación por robots, que construyan robots (aunque no lleven a ninguna patente o emprendimiento).

El objetivo de los programas sociales debería de ser el desarrollo y bienestar de las comunidades. Todos nos beneficiaremos entonces. Si el objetivo fuese político (ganar más votos), los programas se corrompen y generan división en lugar de cooperación. Los votos llegan solos si se hacen las cosas bien.

Si dudamos de si un programa social está siendo politizado o no, sólo hay que medir si está fomentando la integración o la polarización.

https://reforma.com/ZvAVEr