Ciudades sostenibles

Ciudades sostenibles Carlos Gershenson

No hay que esperar a que nos quedemos sin agua u otro recurso. Hay que asegurar un futuro viable para nuestros hijos.

La mayoría de nuestra especie vive en ciudades, y el porcentaje seguirá aumentando. Nuestro impacto en el planeta ha causado una emergencia climática. Por lo tanto, tiene sentido que muchas ciudades y países tengan proyectos para reducir nuestro impacto. 

Hace pocas semanas, se presentó el Acuerdo Verde por Monterrey, el cual convoca a diversos actores para trabajar juntos en una hoja de ruta hacia una ciudad sostenible, competitiva y resiliente. La mayoría estamos de acuerdo en iniciativas como esta, pero hay que recordar similares, como el Plan Verde de la Ciudad de México, el cual se presentó hace nueve años con metas similares. Sin embargo, entre burocracia y cambio de administraciones, aunque ha habido logros importantes, no han sido suficientes para compensar siquiera el incremento de la demanda de recursos urbanos.

Un ejemplo de logro es la ciclovía en Insurgentes: más de 14 kilómetros en ambos sentidos, lo cual convierte a una de las avenidas más importantes de la ciudad en una «calle completa»: donde pueden convivir con espacios dedicados peatones, ciclistas, automovilistas y transporte público (Metrobús). 

Hace pocas semanas, la SEDATU presentó la Norma oficial mexicana (NOM) para espacios públicos, con la cual se intentan regular asentamientos a tres niveles: municipal, estatal y federal.

También, la UNAM lanzó un proyecto de movilidad sostenible para Ciudad Universitaria. Y la Comisión Metropolitana del Senado ha trabajado con metas similares por años.

Todos estos ejemplos (no exhaustivos) indican que hay una amplia preocupación por enfrentar la emergencia climática desarrollando ciudades más sostenibles. Hay resultados que son relevantes. Sin embargo, en muchos casos, las ciudades están creciendo más rápido de lo que las podemos mejorar.

Algo que hay que considerar en diversas iniciativas y proyectos, es qué tan escalables pueden ser. No sólo necesitamos soluciones para un barrio o para una avenida. Necesitamos poder ampliar soluciones a niveles metropolitanos, nacionales y globales. Por ejemplo, es valioso haber logrado convertir a Insurgentes en una calle completa. Pero necesitamos calles completas en todas las zonas metropolitanas del país. El costo es elevado, pero factible a mediano plazo. Los beneficios serán mayores a los de muchos otros proyectos en los que se están inyectando recursos.

Dado que la emergencia climática tiene múltiples causas, requerimos de múltiples soluciones. Ninguna será suficiente y todas son graduales, en el sentido de que no son del tipo «todo o nada». Otra lista no exhaustiva: 1. Reducir consumo de energía (en transporte, calefacción/refrigeración, iluminación, industria, etc.). 2. Aumentar fuentes de energía sin emisiones. 3. Reducir ganadería. 4. Reducir desperdicios. 5. Aumentar eficiencia en diversos sistemas (producción, distribución, logística, etc.). 6. Reducir impacto medioambiental. 7. Aumentar preservación y regeneración medioambiental. 8. Educar a diversos actores sobre los impactos y riesgos de prácticas actuales y beneficios de prácticas más sostenibles.

Un obstáculo para desarrollar ciudades más sostenibles es la escala trianual o sexenal impuesta por nuestro sistema político. Es casi imposible darle continuidad a diversos esfuerzos. Cuando hay cambio de administración (especialmente si es de otro partido), es común desechar proyectos que no lleven la “marca” de los “nuevos”.

Una posible solución a esta restricción temporal, que no involucra reelecciones, es el desarrollo de una vinculación más allá del gobierno, para que las iniciativas sobre ciudades sostenibles se desarrollen en colaboración con la sociedad, la academia y la industria. De esta manera, al haber cambios en el gobierno, los proyectos podrían continuar, sólo si los otros actores tienen la injerencia suficiente para que las nuevas administraciones (a todos los niveles) estén obligadas a darles continuidad.

No es cuestión de poder, es una cuestión de supervivencia. Todos nos beneficiamos si hay mejoras en las ciudades y todos perdemos si no las hay. No hay que esperar a que nos quedemos sin agua u otro recurso. Si logramos ver más allá del proselitismo, más allá del beneficio económico, más allá de nuestros propios límites, sólo entonces tendremos la oportunidad de asegurar un futuro viable para nuestros hijos.

Emigrantes

Artículo en https://www.reforma.com/emigrantes-2022-03-01/op222102

Emigrantes Carlos Gershenson

México y otros países se han fortalecido por los emigrantes que han recibido. El conflicto en Ucrania 🇺🇦 está generando cientos de miles de refugiados. No hay tiempo que perder para apoyarlos.

Cuatro de mis bisabuelos llegaron a México en 1921 y 1929 con sus familias (mi abuela bebé y mi abuelo adolescente). Eran judíos viviendo en una Ucrania soviética donde el antisemitismo se había vuelto insoportable. Mi otro abuelo nació en Venezuela. Mi otra abuela tiene ancestros chinos poblanos.

México ha recibido a cientos de miles de emigrantes que han escapado de guerras, conflictos o desastres: españoles (guerra civil), judíos (holocausto), armenios (genocidio), chilenos, argentinos, uruguayos (dictaduras militares), venezolanos (colapso económico), cubanos (sofocación política), ex-soviéticos (crisis), haitianos (terremoto), etc. Más recientemente, se recibieron cientos de afganos huyendo de la toma del poder por los talibanes.

Algunos países están conformados principalmente por emigrantes: Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Singapur… Cada uno es un caso diferente, pero podemos notar que sus economías son de las más desarrolladas. México también se ha beneficiado de los emigrantes que ha recibido. No porque los que llegan sean «mejores» que los nativos, sino porque un país o una ciudad con una amplia diversidad cultural (en términos de igualdad) ofrece varias ventajas sobre aquellos que no reciben tantos extranjeros o los discriminan. Es un proceso de retroalimentación: si hay mejores condiciones, se atraen más extranjeros, quienes pueden contribuir a mejorar todavía más las condiciones.

La situación en Ucrania ha motivado que cientos de miles hayan cruzado sus fronteras, huyendo de los bombardeos y la ocupación rusa, dejando atrás propiedades y estilos de vida, zambulléndose en la incertidumbre de lo que les depara el futuro cercano. La situación no es alentadora para los que se quedan. En el escenario menos catastrófico, las tropas rusas tomarán rápidamente el control del país y habrá un cese al fuego. Sin embargo, ya hay una secuela de destrucción de infraestructura en pleno invierno. No sabemos qué reservas habrá de comida y combustible. La economía quedará afectada por años. Los que decidan dejar su patria enfrentan una situación difícil, ya que sus vecinos europeos (Polonia, Eslovaquia, Hungría, Rumania) estarán saturados de refugiados. Si se establece una guerra de guerrillas, habrá más motivos para abandonar el país. En escenarios todavía más trágicos, el conflicto se podría extender a otros países. Entonces, deberíamos de estar preparados para recibir también a emigrantes de Rusia, Bielorrusia, Moldavia, etc.

Ayer nuestro presidente declaró que México está abierto a recibir refugiados, tanto ucranianos como rusos o de otras naciones. Sería valioso no sólo mantener esta política, sino también facilitar las posibilidades para ucranianos en necesidad de ayuda.

Se podrá decir que no es prioridad apoyar a extranjeros, cuando tenemos tantos problemas nacionales. Es cierto que hay recursos limitados, pero no estoy sugiriendo gastar dinero que no está en el presupuesto. El ejército cuenta con infraestructura y capacidades para albergar a miles de personas que tienen que abandonar sus viviendas por plan DN-III (protección civil), ya sea por inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, etc. Se pueden aprovechar estas capacidades para apoyar a quienes lo necesitan, aunque no sean mexicanos. Tampoco estoy sugiriendo que recibamos a un millón de ucranianos. Cruzar Europa y el Océano Atlántico será un reto. Para muchos, la vía marítima podría ser más apropiada que la aérea. Por lo menos, se puede empezar ya simplificando y agilizando los trámites de visas humanitarias, no sólo en la embajada en Kiev, sino también en las embajadas en Varsovia, Praga, Budapest, Bucarest, Moscú, etc.

La motivación de todo este esfuerzo no debería de ser por lástima, sino por empatía. Será demasiado tarde si esperamos a que haya hambruna en Ucrania. No sólo nos beneficiaremos de recibir más extranjeros. Nunca sabemos cuándo nosotros podríamos estar en una situación similar y tengamos que abandonar el país (tocando madera). Entonces, ¿quién estaría dispuesto a recibirnos?

Escenarios

Escenarios Carlos Gershenson

Cuatro escenarios posibles sobre el futuro del #COVID19. El destino no está determinado. Nuestro futuro dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Si ignoramos los riesgos, aumentamos la probabilidad de generar catástrofes.

La mayoría de los expertos coinciden en que el virus SARS-CoV-2 se quedará con nosotros por varios años. Sin embargo, los escenarios posibles pueden ser muy diferentes, aunque ninguno permite un regreso a la «normalidad» prepandémica.

El Grupo Consejero Científico para Emergencias (SAGE) del Reino Unido publicó el 10 de febrero un análisis sobre cuatro escenarios posibles a los cuales podríamos llegar en los próximos dos a diez años. No hay certidumbre sobre qué escenarios son más probables, ya que dependen en parte de las acciones que tomemos, en parte de la dinámica del virus y en parte de los avances médicos/tecnológicos que se logren en los próximos meses.

El primer escenario, «mejor caso razonable», consiste en una reducción de los impactos del virus. Habría nuevas olas, pero menos severas que la actual (Ómicron BA.1). Las vacunas y antivirales seguirían funcionando. Permitiría relajar medidas sanitarias entre olas.

El escenario «central optimista» constaría de olas subsecuentes similares a la actual, con miles de muertos, principalmente adultos mayores, personas con precondiciones o no vacunadas. Se requeriría retomar medidas sanitarias en «años malos».

En el escenario «central pesimista», los millones de contagios generan constantemente nuevas variantes, algunas de las cuales pueden evadir inmunidad previa, causando varias olas cada año, algunas más severas que Delta. Las olas generan disrupciones económicas, laborales, educativas y sociales. A pesar de que vacunas y antivirales siguen siendo efectivos, se requerirían actualizar constantemente.

Finalmente, el escenario «peor caso razonable» contempla una amplia diversidad de variantes, las cuales pueden ser más contagiosas, más severas y/o más evasoras de inmunidad previa que variantes anteriores. Las mutaciones en el virus cambian el perfil de las poblaciones vulnerables. Se requerirían amplias campañas de vacunación todos los años y habría disrupciones masivas y conflictos sociales.

Parecería que varios gobiernos se están esforzando por alcanzar el último escenario. Dinamarca, Noruega, Suecia, Reino Unido, Francia y algunos estados de nuestros vecinos norteños han ido eliminando medidas preventivas. El argumento danés es que su población ya tiene un «alto» porcentaje de vacunación (81%). Entonces, pueden dejar que la gente se contagie con pocas consecuencias. Se les olvida que varios países (Reino Unido, Israel, etc.) intentaron lo mismo el año pasado y fracasaron terriblemente. Y ahora Dinamarca está en su peor momento (tanto en casos como en muertes). ¿Es tan molesto usar cubrebocas?

Muchos gobiernos miden sus riesgos contando muertes. El que muchos países tengan menos muertes ahora que en olas anteriores no justifica dejar que la mayoría de la población se contagie. Además de las secuelas que puede dejar el virus (Covid persistente, aún en casos asintomáticos), mientras más contagios haya, tendremos más variantes. Y mientras más variantes, aumentamos la probabilidad de que terminemos en el escenario «peor caso razonable».

Por esta misma razón, deberíamos de vacunar a la mayor cantidad de personas posibles. Se han aplicado casi 10.5 mil millones de dosis de vacunas a nivel global, pero falta más de la tercera parte de la población, principalmente en África. Esto deja a millones vulnerables. ¿Las farmacéuticas no han recuperado su inversión?

En México, la campaña de vacunación ha tenido grandes logros, pero sólo el 60% de la población ha recibido esquema completo y un 5% adicional tiene esquema parcial. Estos números son menores a los promedios en Latinoamérica y Asia. En particular, hace falta vacunar a menores de 15 sin comorbilidades. De nuevo, no importa sólo que se hayan muerto «pocos». Los menores contagian a sus familias y amigos, continuando la propagación del virus y aumentando la emergencia de nuevas variantes. Se podría argumentar que las vacunas para menores aprobadas (Pfizer) son más caras, pero si sólo tomamos el dinero de las ampliaciones de contratos de Pemex a Baker Hughes, se podrían haber comprado esquemas completos para 7 millones de menores.

El destino no está determinado. Nuestro futuro dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Si ignoramos los riesgos, aumentamos la probabilidad de generar catástrofes.

Impunidad

Toleramos a la impunidad porque no nos imaginamos cómo podría ser diferente. ¿Qué tipo de organizaciones serían necesarias para que se reduzca la impunidad?

Recientemente se ha discutido lo difícil que es levantar un acta ante el Ministerio Público: hay que invertir varias horas, los servidores públicos llegan a ofender a las víctimas (ya no digamos extorsionar) y muchos se preguntan si vale la pena el esfuerzo. Entre los delitos que no se denuncian (la mayoría) y de los pocos que sí se denuncian, sólo una minoría se esclarecen: alrededor de uno de cada cien delitos tienen una sentencia. Y no ha sido muy diferente desde que tenemos datos. Pero el que siempre haya sido así no implica que no lo podamos cambiar.

Abundan casos recientes de impunidad que muestran distintas fallas de nuestro sistema judicial: periodistas asesinados, los agresores de Lydia Cacho, escándalos de corrupción sin consecuencia.

También tenemos casos como los de Félix Salgado Macedonio y Pedro Salmerón, donde hay acusaciones (formales o «informales») relacionadas con violencia de género, pero versiones encontradas que nos dejan en la incertidumbre de si son culpables o víctimas de difamación. El problema es que estas situaciones no se esclarecen. De cualquier manera, quisiéramos que gobernadores y embajadores tuviesen las habilidades sociales para que nadie los acuse de nada, sea cierto o no.

Otro problema es el uso parcial de la justicia. Peniley Ramírez ha reportado en estas páginas diversos casos donde se usan instituciones para investigar a opositores, más recientemente a cinco alcaldes en la CDMX. Y también tenemos el caso de los 31 académicos acusados de crimen organizado, que no tiene ni cómo sostenerse pero de alguna manera todavía no se resuelve.

El problema de la impunidad va más allá de la impartición de la justicia. La vieja propuesta del Partido Verde de pena de muerte para secuestradores, además de sus dilemas éticos, no tenía sentido si la mayoría de los criminales no son procesados. A pesar de la reforma de 2016, el Sistema de Justicia Penal no se da abasto. Ni duplicándolo sería suficiente. La alternativa es simplificar los procesos para que el mismo sistema pueda procesar muchas más carpetas en mucho menos tiempo. Pero también se requieren cambios sociales para reducir la incidencia de delitos. Debería de ser más fácil que no se cometan a castigar la mayoría. Más policías o militares en las calles tampoco han reducido notablemente ni la incidencia ni el castigo de crímenes.

Estas situaciones se han estudiado matemáticamente usando Teoría de Juegos en problemas relacionados con la evolución de la cooperación. En una población, puede haber la tentación de ser «egoísta» (buscar un beneficio individual a costa del grupo) por distintos motivos. Para evitarlo, se puede aumentar la probabilidad de castigo (que en México es del 1%) y se puede también reducir el costo del castigo (que es elevadísimo en tiempo y dinero). Por otro lado, también se puede reducir la «tentación» disminuyendo la desigualdad entre «cooperadores» y «egoístas» (premiando a cooperadores o beneficiando menos a egoístas). Si el riesgo de ser egoísta no justifica sus beneficios, más individuos decidirán cooperar.

En todos los países hay impunidad, ya que siempre habrá tentación. Pero se puede reducir drásticamente para el beneficio de la sociedad. Estamos en una situación donde la gobernabilidad está cerca del colapso por tanta violencia, corrupción e injusticia. Obviamente, la situación no cambiará si simplemente elegimos a políticos de otros partidos. El problema es mucho más complejo. Tenemos que cambiar las condiciones que permiten que la impunidad persista. Parecería un problema de huevo y gallina, ya que muchos beneficiados de la impunidad impiden que cambie la situación. Aunque sean minoría, su poder y sus intereses les permiten perpetuar las organizaciones «disfuncionales», cosechando beneficios «egoístas» con un alto costo social.

Toleramos a la impunidad porque no nos imaginamos cómo podría ser diferente. ¿Qué tipo de organizaciones serían necesarias para que se reduzca la impunidad? Dada la complejidad del fenómeno, el gobierno no puede lograr los cambios que necesitamos. Tendría que gestarse una organización social con una amplia participación, de manera tal que se pueda coordinar con el gobierno para prevenir delitos. No sé cómo funcionaría. Hay que seguir imaginando. La impunidad no disminuirá por sí sola.

Artículo en https://reforma.com/KzMt3r

Triple Hélice

¿Cómo coordinar gobierno, academia e industria para financiar, desarrollar y comercializar desarrollos científicos y tecnológicos?
Mi opinión en Reforma https://reforma.com/pUqykr

El ensayo de Vanevar Bush «Science The Endless Frontier» es muy recomendable
Entre muchas otras contribuciones, Vanevar Bush también propuso el Memex, considerado por muchos como el precursor conceptual de Internet

Triple Hélice Carlos Gershenson

¿Cómo coordinar gobierno, academia e industria para financiar, desarrollar y comercializar desarrollos científicos y tecnológicos?