Kurt Gödel

Reflexiones sobre el libro «Journey to the edge of reason» de Stephen Budiansky

Kurt Gödel Carlos Gershenson

Reflexiones sobre el libro "Journey to the edge of reason" de Stephen Budiansky

Empatía

No sólo celebremos a las madres, también aprendamos de ellas. Siendo más empáticos, todos nos beneficiamos.

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A las madres

Todos los mamíferos y aves — y algunos reptiles, anfibios, peces e invertebrados — nacemos indefensos, por lo que dependemos del cuidado de la madre, el padre, u otros miembros del grupo social. Especies con comportamientos adquiridos, es decir, que no nacen con todas las herramientas para sobrevivir, necesitamos tiempo para desarrollarnos y aprender.

En mamíferos, hay un elemento adicional que resalta el cuidado de las madres: la lactancia. En 5% de las especies de mamíferos, ambos padres cuidan a las crías. Como dato curioso, en peces, en la mayoría de las especies que cuidan a sus alevines, la responsabilidad recae sólo en los padres.

Regresando a los mamíferos, se han documentado por lo menos 120 especies donde hay aloparentalidad (no sólo los madre y padre cuidan se encargan de la crianza). Esto no sólo incluye a abuelos o tíos, sino también a la adopción de crías por padres no biológicos.

Uno de los mecanismos más útiles que fomentan la aloparentalidad es la empatía: el sentir lo que los demás sienten. De esta manera, no queremos que los demás se sientan mal y hacemos esfuerzos para que se sientan bien. Es como si estuviésemos «conectados». Con empatía, sufrimos si los demás sufren, disfrutamos si los demás disfrutan. 

Hay muchas ventajas que ofrece la empatía. Tal vez la maternidad sea el ejemplo más claro: motiva a que una madre cuide desinteresadamente del crecimiento de otros individuos, muchas veces durante años. Esto tiene una clara ventaja evolutiva: especies que puedan fomentar la maternidad tendrán mejores oportunidades de que las siguientes generaciones sobrevivan. Pero la empatía también contribuye a la cooperación en sociedades: es más difícil engañar/lastimar/matar a otros si nos imaginamos lo que sentirían antes de cometer acciones dañinas e incluso hablar palabras hirientes.

¿Podemos decir que la empatía también trae desventajas? Desde un punto de vista egoísta y utilitario, podríamos «desperdiciar» recursos cuidando de otros sin recibir «nada» a cambio. Obviamente, esto es sólo si no podemos cuantificar los intangibles. En muchos casos, el ayudar a los demás nos hace sentir bien y eso ya es un beneficio que vale la pena. Hagan la prueba cediendo el paso a peatones y disfruten. Nos cuesta unos segundos (que perderíamos en el siguiente semáforo) y recibimos una valiosa dosis de oxitocina.

Si la empatía ofrece beneficios, ¿cómo podemos promoverla? Pero no sólo es importante ser empáticos, sino ampliar los límites de con quiénes lo somos. Es natural ser empáticos con nuestros familiares, pero es más difícil mientras incluyamos a más individuos: de otros grupos, naciones, especies, etc. 

Por ejemplo, con equipos de futbol: simplemente al ponernos una camiseta, creamos la distinción de «nosotros» contra «ellos». Y podemos llegar a violencia extrema basados en distinciones artificiales. ¿Qué tan fácil sería deshacernos de esas distinciones? ¿podríamos disfrutar el futbol gane quien gane, fijándonos más en el juego y menos en las circunstancias?

El primatólogo Frans de Waal ha notado que la diferencia entre nuestros dos parientes más cercanos, los chimpancés (más violentos) y los bonobos (más pacíficos) depende de la disponibilidad de recursos. El mismo argumento puede usarse con nosotros: si no hay suficiente para todos, preferimos que se beneficien aquellos con quienes nos identificamos más. Pero mientras más prosperidad haya, es más fácil incrementar nuestra empatía y ser incluyentes.

Como especie, ya tenemos suficientes recursos para promover empatía global. Esto implica la reducción de la población (por lo menos ya cada vez hay menos nacimientos) y la redistribución de la riqueza (no que todos seamos iguales, ni todos pobres, sino que se eviten extremos). Ha habido una reducción importante de la pobreza extrema (principalmente en China, aunque ya desacelerándose), pero nunca había habido tanta desigualdad. Los 10 hombres más ricos del mundo tienen tanto como los 3.1 mil millones más pobres.

Se podría decir que la violencia también tiene raíces evolutivas. Pero nuestra especie se caracteriza en la decisión. Podemos decidir ser más empáticos y menos violentos. Más como bonobos, menos como chimpancés.

No sólo celebremos a las madres, también aprendamos de ellas. Siendo más empáticos, todos nos beneficiamos.

Violencia ¿natural?

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Violencia ¿natural? Carlos Gershenson

¿Qué podemos hacer para reducir la violencia contra las mujeres?

La indignación y la pena cunden en México debido a la última ola de feminicidios. Nunca dejó de haberlos, pero por diversas circunstancias han vuelto a ser tema de discusión y consternación.

Recuerdo en mi adolescencia la incertidumbre, la impotencia y la frustración que causaban las muertas de Ciudad Juárez: seguían matándolas y parecía que nadie hacía nada. O que lo que hacían no servía de nada. Treinta años después, diría que la situación no ha cambiado mucho. Abundan expresiones de lamento, acusaciones, promesas… pero, realmente, ¿qué podemos hacer para detener la violencia contra las mujeres en nuestro país?

Empecemos por tratar de analizar las causas que llevan a un hombre a agredir, violar o asesinar a una mujer. Es difícil, ya que no hay una sola causa para una amplia variedad de circunstancias que llevan a estos desenlaces lamentables.

Pero vayamos a nuestro pasado evolutivo. Observando a otras especies, encontramos ejemplos de sistemas vivos matándose por todos lados. ¿Podríamos decir que la violencia es natural? Si se trata de sobrevivir, no importa que sea a costa de la vida de otros. Desde hace 575 milliones de años, muchos animales han depredado a otros como fuente de energía, disparando distintas tendencias evolutivas. Y si consideramos la reproducción sexual, que se remonta a tres mil millones de años, podríamos decir que estamos preprogramados para copular.

Pero estos argumentos son patrañas ñoñas de un nivel calaña eugenista nazi. La evolución no tiende a una meta, sino a una adaptación constante y balanceada. Hay ejemplos de carnívoros que dejan de matar (pandas, vegetarianos) y también de individuos que dejan de buscar su reproducción (insectos sociales, monjes). Más aún, mucho de lo que nos diferencia de la mayoría de otros animales subyace en el hecho de que no nos dejamos guiar sólo por nuestros instintos. Para eso tenemos cultura (leyes, normas, ética, moral). Desde antes de que nuestra especie evolucionara, nuestros ancestros no eran libres de matar y violar sin consecuencias, ya que grupos que podrían permitir esto no fueron tan aptos para sobrevivir. Desde la antigüedad, códigos y religiones se han encargado de guiar nuestro comportamiento, no para satisfacer nuestras necesidades, sino para asegurar la supervivencia de nuestras sociedades.

Entonces, si no le conviene a nuestra especie permitir asesinatos y violaciones, ¿por qué persisten? Muchas razones, pero creo que una de las principales es que, aunque nuestras sociedades modernas no toleran asesinatos ni violaciones, sí toleramos comportamientos que los anteceden.

Sólo un ejemplo: el consumo excesivo de alcohol. La mayoría de los ataques sexuales a muchachas y muchachos en Estados Unidos se llevan a cabo en megapedas. Y todos se consternan por las consecuencias, pero muy pocos pretenden limitar las causas. De hecho, la misma sociedad impulsa a muchos jóvenes a emborracharse hasta perder la conciencia.

El camino no es prohibir. Tratando de contribuir, va una lista no exhaustiva de qué podemos hacer para reducir la violencia contra las mujeres (por favor agreguen más puntos):

  • Educar a jóvenes y no tan jóvenes en sexualidad: en casa, en la escuela y en el trabajo. Consenso, anticonceptivos, rechazo, masturbación, ETS, pornografía, etc. Como un dato curioso, las violaciones bajaron en Dinamarca justo después de que se legalizó la pornografía. No quiere decir «pornografía para todos sin límite», pero si hay maneras de satisfacer necesidades sexuales sin agredir a otrås, ¿por qué no aprovecharlas?
  • Regular mucho más el consumo de alcohol y otros estupefacientes. No con restricciones o impuestos, sino socialmente. ¿Qué beneficios le da a la sociedad cuando algunos de sus miembros se ponen hasta las chanclas? ¿No deberíamos de reprobar tales comportamientos nocivos, en lugar de fomentarlos?
  • Introducir hábitos más saludables en lugar de los que se pretende minimizar. No es factible acabar con las fiestas. Pero sí podemos divertirnos, bailar, coquetear, etc. sin intoxicarnos, sin desvelarnos, sin ponernos en peligro a nosotrås y a lås demás.

Hay que tener en cuenta que en todos los países hay violaciones y asesinatos. Pero el hecho de que ahora parezcan imposibles de eliminar no implica que no debamos de hacer todo por evitar todås lås que podamos.