Emigrantes

Artículo en https://www.reforma.com/emigrantes-2022-03-01/op222102

Emigrantes Carlos Gershenson

México y otros países se han fortalecido por los emigrantes que han recibido. El conflicto en Ucrania 🇺🇦 está generando cientos de miles de refugiados. No hay tiempo que perder para apoyarlos. — This episode is sponsored by · Anchor: The easiest way to make a podcast. https://anchor.fm/app Support this podcast: https://anchor.fm/cgershen/support

Cuatro de mis bisabuelos llegaron a México en 1921 y 1929 con sus familias (mi abuela bebé y mi abuelo adolescente). Eran judíos viviendo en una Ucrania soviética donde el antisemitismo se había vuelto insoportable. Mi otro abuelo nació en Venezuela. Mi otra abuela tiene ancestros chinos poblanos.

México ha recibido a cientos de miles de emigrantes que han escapado de guerras, conflictos o desastres: españoles (guerra civil), judíos (holocausto), armenios (genocidio), chilenos, argentinos, uruguayos (dictaduras militares), venezolanos (colapso económico), cubanos (sofocación política), ex-soviéticos (crisis), haitianos (terremoto), etc. Más recientemente, se recibieron cientos de afganos huyendo de la toma del poder por los talibanes.

Algunos países están conformados principalmente por emigrantes: Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Singapur… Cada uno es un caso diferente, pero podemos notar que sus economías son de las más desarrolladas. México también se ha beneficiado de los emigrantes que ha recibido. No porque los que llegan sean «mejores» que los nativos, sino porque un país o una ciudad con una amplia diversidad cultural (en términos de igualdad) ofrece varias ventajas sobre aquellos que no reciben tantos extranjeros o los discriminan. Es un proceso de retroalimentación: si hay mejores condiciones, se atraen más extranjeros, quienes pueden contribuir a mejorar todavía más las condiciones.

La situación en Ucrania ha motivado que cientos de miles hayan cruzado sus fronteras, huyendo de los bombardeos y la ocupación rusa, dejando atrás propiedades y estilos de vida, zambulléndose en la incertidumbre de lo que les depara el futuro cercano. La situación no es alentadora para los que se quedan. En el escenario menos catastrófico, las tropas rusas tomarán rápidamente el control del país y habrá un cese al fuego. Sin embargo, ya hay una secuela de destrucción de infraestructura en pleno invierno. No sabemos qué reservas habrá de comida y combustible. La economía quedará afectada por años. Los que decidan dejar su patria enfrentan una situación difícil, ya que sus vecinos europeos (Polonia, Eslovaquia, Hungría, Rumania) estarán saturados de refugiados. Si se establece una guerra de guerrillas, habrá más motivos para abandonar el país. En escenarios todavía más trágicos, el conflicto se podría extender a otros países. Entonces, deberíamos de estar preparados para recibir también a emigrantes de Rusia, Bielorrusia, Moldavia, etc.

Ayer nuestro presidente declaró que México está abierto a recibir refugiados, tanto ucranianos como rusos o de otras naciones. Sería valioso no sólo mantener esta política, sino también facilitar las posibilidades para ucranianos en necesidad de ayuda.

Se podrá decir que no es prioridad apoyar a extranjeros, cuando tenemos tantos problemas nacionales. Es cierto que hay recursos limitados, pero no estoy sugiriendo gastar dinero que no está en el presupuesto. El ejército cuenta con infraestructura y capacidades para albergar a miles de personas que tienen que abandonar sus viviendas por plan DN-III (protección civil), ya sea por inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, etc. Se pueden aprovechar estas capacidades para apoyar a quienes lo necesitan, aunque no sean mexicanos. Tampoco estoy sugiriendo que recibamos a un millón de ucranianos. Cruzar Europa y el Océano Atlántico será un reto. Para muchos, la vía marítima podría ser más apropiada que la aérea. Por lo menos, se puede empezar ya simplificando y agilizando los trámites de visas humanitarias, no sólo en la embajada en Kiev, sino también en las embajadas en Varsovia, Praga, Budapest, Bucarest, Moscú, etc.

La motivación de todo este esfuerzo no debería de ser por lástima, sino por empatía. Será demasiado tarde si esperamos a que haya hambruna en Ucrania. No sólo nos beneficiaremos de recibir más extranjeros. Nunca sabemos cuándo nosotros podríamos estar en una situación similar y tengamos que abandonar el país (tocando madera). Entonces, ¿quién estaría dispuesto a recibirnos?

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