La utilidad de lo inútil

La utilidad de lo inútil Carlos Gershenson

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En 1939, Abraham Flexner publicó un ensayo sobre «La utilidad del conocimiento inútil» (The usefulness of useless knowledge, Harpers 179). Flexner defiende la inversión (pública y privada) en ciencia básica (teorías sin aplicaciones visibles), artes y conocimiento en general.

Flexner había sido evaluador de instituciones de educación superior y recientemente también había ideado, fundado y dirigido el Instituto de Estudios Avanzados en Princeton, en el cual había reclutado a personalidades como Einstein, Weyl, von Neumann, Wigner (maestro de Marcos Moshinsky) y muchos más.

En su ensayo, Flexner incluye algunos ejemplos de descubrimientos que llevaron a tecnologías que habían transformado a la sociedad (como la radio). Pero los descubrimientos no se habían hecho con el propósito de desarrollar una tecnología, sino simplemente para satisfacer nuestra curiosidad. El argumento es que cualquier tecnología «útil» requirió de conocimiento «inútil» previo para poder ser desarrollada.

El fascismo en Italia y Alemania había restringido las líneas de investigación en las universidades, lo cual (desde antes de la Segunda Guerra Mundial) debilitó considerablemente sus academias. Tenemos un ejemplo actual en Hungría, donde el gobierno del primer ministro Viktor Orbán ha restringido a la ciencia, siendo casos extremos la prohibición de los estudios de género y la «ilegalidad» de la Universidad Central Europea, lo que provocó su mudanza a Austria.

Flexner argumentó que sería ridículo hablar de ciencias y artes «alemanas», «judías», «comunistas», o con otra restricción (podríamos agregar «neoliberales»), cuando buscamos contribuir a y expresar la «riqueza infinita del alma humana». En otras palabras, mientras más se restrinja al desarrollo del conocimiento (por ejemplo, con el propósito de favorecer su utilidad), este será menos creativo, y por lo tanto, menos útil.

Ni Flexner ni yo sugerimos que no se invierta en ciencia aplicada y el desarrollo de tecnología. La cuestión es que no podremos desarrollar tecnología sin inversión en ciencia básica.

En México, desde hace mucho necesitamos desarrollar nuestra propia tecnología. Es por eso que vi con beneplácito cuando el gobierno actual anunció que se invertiría en proyectos específicos para atender problemas nacionales. Sin embargo, esto ha sido a costa de la ciencia básica. No debería de ser una u otra: necesitamos tanto conocimiento teórico como aplicado.

La nueva Ley de Ciencia y Tecnología debería de haberse aprobado antes del 15 de diciembre de 2020. Sí, se nos cruzó una pandemia, pero todavía no se ha publicado una primera versión de esta Ley. Es incierto si tendremos nueva Ley este sexenio, y la situación de la ciencia en México es preocupante por diversos motivos. En particular, el discurso del presidente refleja cierto desprecio hacia la academia (o por lo menos así lo sentimos). Pienso que la mayoría estamos a favor de reducir la pobreza en México, pero no a costa de la ciencia.

Para resolver problemas nacionales, sé que lås científicås estamos dispuestos a colaborar con otros sectores. Sin embargo, los mecanismos que se han usado no han sido efectivos. ¿Qué avances hemos tenido en tres años y medio? Sería buen momento para evaluar y hacer ajustes, o tendremos otro sexenio perdido.

Lo anterior también aplica a artes, deportes, cultura y demás actividades y campos «inútiles». El no tener un producto inmediato no implica que no debamos de invertir en lo «inútil». Sabemos que si mejoramos la salud (física y mental), reducimos ignorancia, adicciones, hábitos nocivos, etc., tendremos múltiples beneficios para la sociedad. El que no sea trivial traducir estos beneficios a dinero no quiere decir que no sean reales. Pero simplemente podemos observar a otros lugares u otros tiempos y observar los beneficios de invertir en lo «inútil».

Sé que el presupuesto es limitado, y pocos estarían dispuestos a asignar dinero a algo que no tenga un «entregable» tangible. Pero sólo una pequeña parte de la inversión tiene que ser con dinero. En ciencia, artes, deportes, etc. no necesitamos miles de millones de pesos, sino facilidades para dedicarnos a lo que nos apasiona. Sí, las plazas, becas, instituciones, etc. cuestan. Pero no tanto como una refinería. ¿Y qué nos beneficiará más?

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