Lenguaje incluyente

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Lenguaje incluyente Carlos Gershenson

¿Vale la pena tener un lenguaje incluyente? ¿Cuál sería la manera más apropiada para incluir a todås? — This episode is sponsored by · Anchor: The easiest way to make a podcast. https://anchor.fm/app Support this podcast: https://anchor.fm/cgershen/support

En años recientes, hemos presenciado un aumento del uso del lenguaje “incluyente” en México. El motivo principal es que en español/castellano tendemos a usar el masculino para referirnos a grupos que incluyen elementos femeninos y de otros géneros, lo cual se ha interpretado como un reflejo de nuestra sociedad machista y patriarcal. Muchos estamos a favor de cambios hacia una sociedad más equitativa. Sin embargo, no hemos llegado a un consenso sobre la mejor manera de incluir la inclusión de manera explícita, redunde la redundancia.

Lingüistas como Concepción Company han argumentado que nuestro idioma ya es incluyente, simplemente se usan los mismos sufijos para masculino y para ambos/indeterminado. También se ha notado que en muchos casos, la inclusión o exclusión depende de factores distintos al léxico. Por ejemplo, podríamos usar lenguaje “incluyente” pero con una entonación o con implicaciones excluyentes. O simplemente siguiendo comportándonos como patanes.

De cualquier manera, muchos y muchas optan por repetir la versión masculina y femenina por separado y separada, aunque si no tenemos cuidado y cuidada, podríamos terminar haciendo el ridículo y la ridícula. En muchos y muchas casos y casas, no es práctico ni práctica.

Para no ser tan repetitivos, una alternativa es usar ‘@’ para tod@s. Pero otro problema de considerar sólo a masculinos y femeninos es que excluye a quienes no se identifican con alguno de estos géneros.

Otra opción, que funciona sólo en la escritura, es usar ‘x’ para todxs. Pero ¿cómo se pronuncia? (Lo mismo la ‘@’).

Una solución que funciona tanto escrita como leída es usar ‘e’ para todes. En muches cases suena rare, pero el probleme — sin menospreciar al “Perro” Bermudez — es que a veces quedan ambiguededes. Por ejemplo, si decimos “jefes” o “gerentes” ¿nos referimos sólo a los masculinos o a todes? ¿O deberíamos de especificar “jefos” y “gerentos”? Y si no especificamos, ¿por qué para algunes cases sí y para otres no?

Mi modesta propuesta: ya que tenemos muy pocas vocales en español como para evitar confusiones, tomemos una nueva vocal — tal vez la ‘å’ de idiomas escandinavos — que en algunos casos se pronuncia entre ‘a’ y ‘o’, para todås. De manera explícita, se distingue de casos masculinos y femeninos, por lo que se puede usar para incluir a todås lås génerås. No es redundante ni ambigua. Y se puede usar tanto escrita como hablada. Y nos vamos a divertir aprendiendo a pronunciar la ‘å’ de manera “correcta” (no la hay, va desde una ‘á’ larga hasta una ‘o’ fuerte) y actualizando las canciones infantiles de las vocales y del abecedario (podríamos agregar a la ‘å’ después de la ‘z’). 

¿Pero por qué desfigurar así a la lengua de Cervantes? Para empezar, ya nadie habla como Cervantes. Los lenguajes son dinámicos y los adaptamos a nuestras necesidades cambiantes. Es más importante que un lenguaje sea útil a que sea “correcto”. Para continuar, este tipo de cambios son comunes. En particular, la ‘å’ se agregó a alfabetos escandinavos a principios del siglo pasado. Para finalizar, podemos pretender que los idiomas sigan ciertas reglas, pero finalmente están determinados por cómo los usamos.

¿Vale la pena tener un lenguaje incluyente? ¿Qué ganaríamos? Sería un gran paso hacia una sociedad menos discriminatoria. Independientemente de cómo terminemos ajustando nuestros dialectos mexicanos (que de hecho podríamos quedarnos con múltiples ajustes coexistiendo), el hacer explícita la diversidad y la inclusión en nuestra cotidianidad y desde la infancia nos haría conscientes de la necesidad de aceptar y reconocer a quienes son diferentes. 

Un lenguaje incluyente puede ayudar, pero no sería suficiente. Podemos reconocer a otrås de manera explícita, pero si es sólo para seguir discriminándolås, no se logra mucho. En paralelo a los cambios en nuestro lenguaje, requerimos cambios en nuestra visión del mundo y en nuestra sociedad. Hablamos de tolerancia, pero no podemos conformarnos con aguantar incómodamente a quienes son diferentes. Tolerancia es aceptar a todås tal y como son, dándoles un espacio que no es ni mejor ni peor, simplemente diferente.

A final de cuentas, son más relevantes nuestras acciones que nuestras palabras. Sin embargo, será más fácil lograr acciones incluyentes con un lenguaje que las promueva.

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