Muchas cualidades humanas tienen una distribución «normal»: pocos en los extremos y muchos cerca del promedio. Esto se cumple para estaturas, pesos, inteligencia, etc. Si graficamos calidad vs. cantidad, tendremos pocos muy buenos, pocos muy malos, y la mayoría ni muy muy ni tan tan.
Haciendo el presupuesto para un país, podríamos pensar: Pero qué desperdicio, estamos becando a miles de estudiantes, investigadores, deportistas, artistas, etc. y la mayoría ni son tan buenos. ¿Por qué no apoyamos sólo a los mejores? Y así conseguimos más con menos.
Suena bien, pero el problema es que en muchos casos es difícil saber quiénes serán los mejores en cinco, diez, o veinte años. Sí, hay ciertas correlaciones entre exámenes y desempeño. Sí, hay que invertir de la mejor manera. Pero el resultado de tal política probablemente se vea así:
Al apoyar a menos personas, acabamos también con menos «buenos». Si queremos más buenos, necesitamos más personas de donde puedan surgir.
Y por lo tanto, se requiere un mayor presupuesto para la ciencia, las artes, los deportes, etc. si es que queremos tener más de los mejores.