Empatía

No sólo celebremos a las madres, también aprendamos de ellas. Siendo más empáticos, todos nos beneficiamos.

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A las madres

Todos los mamíferos y aves — y algunos reptiles, anfibios, peces e invertebrados — nacemos indefensos, por lo que dependemos del cuidado de la madre, el padre, u otros miembros del grupo social. Especies con comportamientos adquiridos, es decir, que no nacen con todas las herramientas para sobrevivir, necesitamos tiempo para desarrollarnos y aprender.

En mamíferos, hay un elemento adicional que resalta el cuidado de las madres: la lactancia. En 5% de las especies de mamíferos, ambos padres cuidan a las crías. Como dato curioso, en peces, en la mayoría de las especies que cuidan a sus alevines, la responsabilidad recae sólo en los padres.

Regresando a los mamíferos, se han documentado por lo menos 120 especies donde hay aloparentalidad (no sólo los madre y padre cuidan se encargan de la crianza). Esto no sólo incluye a abuelos o tíos, sino también a la adopción de crías por padres no biológicos.

Uno de los mecanismos más útiles que fomentan la aloparentalidad es la empatía: el sentir lo que los demás sienten. De esta manera, no queremos que los demás se sientan mal y hacemos esfuerzos para que se sientan bien. Es como si estuviésemos «conectados». Con empatía, sufrimos si los demás sufren, disfrutamos si los demás disfrutan. 

Hay muchas ventajas que ofrece la empatía. Tal vez la maternidad sea el ejemplo más claro: motiva a que una madre cuide desinteresadamente del crecimiento de otros individuos, muchas veces durante años. Esto tiene una clara ventaja evolutiva: especies que puedan fomentar la maternidad tendrán mejores oportunidades de que las siguientes generaciones sobrevivan. Pero la empatía también contribuye a la cooperación en sociedades: es más difícil engañar/lastimar/matar a otros si nos imaginamos lo que sentirían antes de cometer acciones dañinas e incluso hablar palabras hirientes.

¿Podemos decir que la empatía también trae desventajas? Desde un punto de vista egoísta y utilitario, podríamos «desperdiciar» recursos cuidando de otros sin recibir «nada» a cambio. Obviamente, esto es sólo si no podemos cuantificar los intangibles. En muchos casos, el ayudar a los demás nos hace sentir bien y eso ya es un beneficio que vale la pena. Hagan la prueba cediendo el paso a peatones y disfruten. Nos cuesta unos segundos (que perderíamos en el siguiente semáforo) y recibimos una valiosa dosis de oxitocina.

Si la empatía ofrece beneficios, ¿cómo podemos promoverla? Pero no sólo es importante ser empáticos, sino ampliar los límites de con quiénes lo somos. Es natural ser empáticos con nuestros familiares, pero es más difícil mientras incluyamos a más individuos: de otros grupos, naciones, especies, etc. 

Por ejemplo, con equipos de futbol: simplemente al ponernos una camiseta, creamos la distinción de «nosotros» contra «ellos». Y podemos llegar a violencia extrema basados en distinciones artificiales. ¿Qué tan fácil sería deshacernos de esas distinciones? ¿podríamos disfrutar el futbol gane quien gane, fijándonos más en el juego y menos en las circunstancias?

El primatólogo Frans de Waal ha notado que la diferencia entre nuestros dos parientes más cercanos, los chimpancés (más violentos) y los bonobos (más pacíficos) depende de la disponibilidad de recursos. El mismo argumento puede usarse con nosotros: si no hay suficiente para todos, preferimos que se beneficien aquellos con quienes nos identificamos más. Pero mientras más prosperidad haya, es más fácil incrementar nuestra empatía y ser incluyentes.

Como especie, ya tenemos suficientes recursos para promover empatía global. Esto implica la reducción de la población (por lo menos ya cada vez hay menos nacimientos) y la redistribución de la riqueza (no que todos seamos iguales, ni todos pobres, sino que se eviten extremos). Ha habido una reducción importante de la pobreza extrema (principalmente en China, aunque ya desacelerándose), pero nunca había habido tanta desigualdad. Los 10 hombres más ricos del mundo tienen tanto como los 3.1 mil millones más pobres.

Se podría decir que la violencia también tiene raíces evolutivas. Pero nuestra especie se caracteriza en la decisión. Podemos decidir ser más empáticos y menos violentos. Más como bonobos, menos como chimpancés.

No sólo celebremos a las madres, también aprendamos de ellas. Siendo más empáticos, todos nos beneficiamos.

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